Opinión

Ya noto la sal

Decía José Luis Sampedro, "mi vida es como un río que ya está casi llegando al mar... ya noto la sal". Se nos ha ido un maestro, catedrático y director del que fuera mi departamento, un hombre más grande que su propio tiempo que hizo de la Economía un sueño.

Se marchó para siempre, como el agua de un río, uno de los más grandes economistas españoles de nuestro tiempo. Aquel que consideraba al ser humano el centro de la economía, el protagonista necesario de los recursos, de los medios y, sobre todo, de los fines.

Escucharle formaba parte de nuestra instrucción a cada instante, en cada momento. Las visitas a su casa, las tardes de café, antes de que anocheciera temprano sin saber en qué terminarían aquellas conversaciones largas. Iluminó mi tesis doctoral con una de sus primeras obras, 'Principios de localización industrial'. Estructuralista pionero, contemplaba la economía como un conjunto de elementos que interactúan entre sí y promueven flujos interpretables por el análisis.

Desde su 'Realidad económica y análisis estructural', hizo de la descripción certera el primer paso para lograr cambios estructurales que mejoraran la felicidad de la gente. En estos momentos en los que la economía se observa con la unidad de medida de los mercados financieros en vez de tomar como medida al ser humano.

Era el departamento de Estructura Económica y allí muchos de sus alumnos enseñaron a los alumnos de sí mismos. Somos economistas nietos de la ciencia que él impuso. Un departamento cuajado de pensadores, Martínez Cortiña, Juan Velarde, José Luis García Delgado y tantos otros.

En el departamento de Estructura Económica somos nietos de la ciencia que él impuso. Un departamento cuajado de pensadores

Este funcionario de aduanas y técnico del Banco Exterior logró la cátedra en 1969. Me contaba Rafael Martínez Cortiña, precisamente, que "José Luis lo que siempre quiso ser era escritor". Preparaba las clases al tiempo que hacía con la tinta sus novelas, sus teatros y sus poemas en aquella vieja Olivetti que dicen aún conservaba.

Académico de la Lengua, Premio Nacional de Literatura, su pluma dejó una sonrisa etrusca entre sus lectores, amantes lesbianos, surcando un río que nos lleva hasta una vieja sirena.

La última vez que hablé de él fue con el director de cine, Antonio del Real, quien llevó a la pantalla como pocos aquella novela de tantos recuerdos: 'El río que nos lleva'. Tan difícil como saber explicar aquellos instantes, como llorar estos recuerdos.

Había pensado titular esta memoria en estas líneas, en estos párrafos que ojalá nunca hubiese escrito, como el último economista. De esos que apenas quedan y piensan en el desarrollo y la felicidad como el fin último de la gestión de los recursos escasos para usos alternativos.

Ahora, sin embargo, ya notas la sal. ¡Qué mejor puede quedar de un maestro que su recuerdo! Y yo, el imperceptible sueño de saber que has existido, que uno te conoció y que siempre nos quisiste. Ya notas la sal, profesor, ya la notas.

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