Opinión

Corrupción

No es un hecho aislado. No se trata de episodios de cuatro corruptos de andar por casa. La corrupción forma parte del sistema y se ha instalado entre nosotros. Aflora de vez en cuando y, a la larga, nadie le pone remedio a pesar de la urgencia de la necrosis.

Para eso, para que resida entre nosotros como la peste, debe tener aliados que ayuden a que se instale cómodamente en las instituciones y en las costumbres. El silencio, la profesionalización de la política, la escasa transparencia, son los mejores socios de un sistema corrupto.

Los partidos cuando callan, los cargos públicos y orgánicos, si miran para otro lado, son firmes aliados a que la gangrena y la necrosis nos destruya a todos. Y digo bien: a todos.

Pasan los hechos de corrupción, como aislados, siendo los recorridos informativos cortos y justa la memoria. Parece como si no fuera más que un episodio que se sucede, como la muerte de un familiar, irremediablemente y cada cierto tiempo. Por eso el silencio es cómplice.

Los sobres de Bárcenas bien repartidos entre numerosos dirigentes del Partido Popular revelan lo que muchos habían sospechado antes: la corrupción está instalada en el corazón del sistema.

Y a mi me da igual que suceda en un partido o en otro. Me dolería más, me rebelaría en mayor medida, si fuera en el partido socialista. No fue ajena la izquierda, como ahora la derecha, del hecho de que pudiéramos vernos infectados de esta miseria.

Por eso, aquellos que señalan con el dedo y confiesan el "y tú más", aquellos que ante la corrupción de los conservadores -larga en nuestra historia- te contestan que los socialistas también tuvieron episodios de este tipo, estos, digo, son también aliados de la corrupción tratando de despistar el objetivo de tirar al mar de la historia a los corruptos, vengan de donde vengan.

Los profesionales de la política son aquellos que, como parásitos, viven en el interior del órgano impidiendo que los ciudadanos participen en la democracia. No se trata de denostar a la política, sino de hacer políticos en cada una de las decisiones públicas de los vecinos.

La escasa transparencia es el medio por el que corruptos y profesionales se convierten en los vividores de la cosa pública. No se puede mirar para otro lado, se debe limpiar nuestra democracia de sablistas de la libertad y de parásitos de las instituciones.

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